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EL CAPITÁN GENERAL DE CANARIAS EN EL SIGLO XIX: Funciones y relaciones con la sociedad

JOSÉ LUIS VEGA ALBA, 2017

PRÓLOGO

Hace algunos años el catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Eduardo Galván, me propuso que colaborase con él en la dirección de una tesis doctoral sobre la Capitanía General de Canarias en el siglo XIX.

Dos razones me obligaron a asentir inmediatamente a su petición. La primera fue y continúa siendo, que no puedo negarle nada al profesor Galván, por la admiración académica que le profeso y por la enorme deuda de gratitud que he contraído con él a lo largo de un tiempo de amistad que ya se cuenta por décadas; y la segunda, porque el autor de la mencionada tesis doctoral iba a ser el Teniente General don José Luis Vega Alba, Jefe del Mando de Canarias hasta hacía poco y cuya inquietud y capacidad intelectual habíamos podido comprobar ambos con motivo de unas jornadas sobre cultura militar, organizadas por el Ministerio de Defensa con las Universidades de La Laguna y Las Palmas en 2010. Sin embargo, debo reconocer que mi aportación a aquel proyecto inicial, por razones académicas, que no por “males imaginarios” ni “supuestos”, fue meramente testimonial. En cambio, paradojas de la vida, me ha correspondido el honor de escribir estos párrafos, sin los cuales debo reconocer que la obra a la que preceden no perdería ni un ápice de su mérito e interés.

En definitiva, como el lector puede ya fácilmente imaginar, este libro recoge el contenido de aquella tesis doctoral, que se leyó en el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en marzo de 2016, y que fue además reconocida con la máxima calificación Cum laude por el tribunal compuesto por los profesores Javier Alvarado Planas, Francisco Baltar Rodríguez y Juan José Díaz Benítez.

Tesis doctoral que ahora, tras la oportuna, nunca mejor dicho, visita a la imprenta, ingresa también con todos los honores en lo que se ha dado en llamar “historiografía científica”, en su especialidad de “Historia militar española”. Dos ideas éstas, la de “historiografía científica” e “Historia militar española”, que la comunidad académica siempre ha considerado descompensadas, pues la primera no parece que se haya hecho nunca justicia a la gran entidad e importancia de la segunda.

Algo que, sin embargo, ha sido reconocido por los propios historiadores, pues existe entre ellos un lamento bastante generalizado y de extraña unanimidad, sobre el hecho de que la historiografía militar no haya progresado en España al mismo nivel que en otros países. Circunstancia aún más llamativa por la destacada influencia militar española sobre el mismo devenir de la historia universal. Prueba de ello es la pléyade de apellidos extranjeros que figuran en los “lomos” de la historiografía básica y más autorizada de las últimas décadas sobre Historia militar española.

Semejante panorama, presentado habitualmente como desolador, obedece sin duda a razones demasiado complejas para ser abordadas en estas pocas páginas, por lo que tan sólo me limitaré a reconocer que en las últimas décadas ha cambiado de manera apreciable.

La comunidad académica de historiadores, sobre todo las nuevas generaciones, se ha abierto con gran ímpetu y amplitud a la Historia militar, enriqueciéndola con nuevos  objetivos de investigación y perspectivas metodológicas igualmente innovadoras. De la misma forma que, injusto sería no reconocerlo, las Fuerzas Armadas, como institución, han emprendido una apreciable labor de apoyo y colaboración a la actividad académica e investigadora de las ciencias históricas. Con lo que se ha progresado mucho en forma de proyectos de investigación y publicaciones, siempre con la valiosa participación de militares profesionales. Desde luego es mucho lo que queda por hacer, pero no es poco lo que ya se ha hecho. En todo caso, hoy puede afirmarse que el futuro de esta especialidad es más esperanzador que lo contrario.

Una de las proyecciones metodológicas cuya importancia debo ponderar por ser de enorme interés para el conocimiento de la Historia militar, es sin duda la institucional, con respecto a la que me permitiré hacer tres sencillas consideraciones.

La primera es que una separación tajante entre instituciones civiles y militares, concebidas como pertenecientes a dos esferas administrativas inconexas, puede hacernos perder de vista el hecho de que unas y otras han conformado conjuntamente la organización de los Estados y, desde luego, coadyuvado al cumplimiento de los mismos fines y objetivos. La segunda es que las instituciones militares españolas han tenido históricamente más peso en lo financiero, personal y material, que las civiles, al menos hasta el siglo XX.Y la tercera consideración debe referirse a que las instituciones militares ejercieron frecuentemente competencias que, desde una interpretación actual de lo jurídico-político, tendrían hoy estricta naturaleza civil.

Precisamente entre las instituciones históricas que se caracterizaron por lo heterogéneo de sus competencias, tanto militares como civiles, sin duda alguna se encuentra la del Capitán General. Cargo de incuestionable naturaleza militar, pero que también puede considerarse históricamente como empleo de “ocupación mixta” (Solórzano Pereira) y, por ello, de amplísima jurisdicción, al haber acumulado, sobre todo en el siglo XVIII, las más diversas funciones y oficios sin confusión de éstos. Y ello de forma similar a como lo habían hecho con anterioridad los virreyes, gobernadores y presidentes de las Audiencias indianas, como ya observó García-Gallo.

La figura institucional del Capitán General “regresó” potenciada a lo largo de este siglo XVIII desde América a la Península y, desde luego a las Islas Canarias, como parte muy significativa del proceso que se ha calificado como “militarización” de la Monarquía española (Ozanam). El mejor ejemplo de ello fue su habitual ejercicio de la presidencia de las Reales Audiencias.

Sobre esta institución ya existen varios estudios de los que son autores María Dolores Álamo (Canarias), Francisco Baltar (Aragón), Eduardo Escarpín (Cataluña), Antonio Jiménez (Granada), Enrique de la Vega (Andalucía), o Francisco Andújar, entre otros. Como también existen diversos trabajos sobre las capitanías generales en América. Sin embargo, la mayor parte de tales obras están centradas en el ámbito cronológico del Antiguo Régimen. Por ello, debo destacar que el libro al que preceden estas páginas asume como primera virtud la originalidad, por abrir el estudio de esta institución a nuevos ámbitos. Desde luego el cronológico, pero también el político, al adentrarse en el sistema constitucional del siglo XIX. Nuevo periodo histórico, nuevo contexto jurídico para el Capitán General y nueva concepción para las Fuerzas Armadas. Entornos en los que esta institución no perdió entidad e incluso se fortaleció en los territorios más alejados de la Península, como Cuba, Puerto Rico, Filipinas y, desde luego, Canarias, por ser las Islas un enclave estratégico vital. Además de que como institución de gobierno territorial, los capitanes generales también tuvieron que asumir amplias responsabilidades en lo relativo al orden público.

Al carácter original del tema nuclear del libro hay que añadir el interés que acredita por su amplia aportación de fuentes documentales inéditas, que utiliza su autor: Archivo Histórico Nacional, Archivo General Militar (Segovia y Madrid), Archivo Intermedio Militar de Canarias, Archivo General de la Administración, Cuartel General de la Armada, Cabildo de Tenerife, Real Academia de la Historia o Biblioteca Nacional. Igualmente debe destacarse la pulcritud metodológica de sus planteamientos, así como la claridad en la exposición, francamente didáctica, con lenguaje asequible, así como la utilidad práctica de sus apéndices, figuras y gráficos.

Todo ello convierte a este libro no sólo en una obra de gran interés histórico, sino también en ejemplo de cómo se debe realizar una investigación de Historia institucional, que sin duda puede abrir camino a otras investigaciones similares sobre el resto de las capitanías generales —hasta catorce en el siglo XIX, además de las correspondientes a los territorios de Ultramar—,  carentes hasta hoy de los correspondientes estudios monográficos. Sin duda serían trabajos necesarios, a los que esta obra sobre la Capitanía General de Canarias señala un camino firme y bien trazado.

Recorrer ese comino es obligado y perfectamente posible, porque las Fuerzas Armadas, según se dijo, cuentan en la actualidad con el apoyo conveniente de estructuras académicas. Un ejemplo de ello es el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado, en cuyo marco se realizó está investigación, pero también pueden serlo otras instituciones universitarias que han abierto programas académicos sobre diversos aspectos científicos relacionados con las Fuerzas Armadas.

Además, también se cuenta con profesionales de la milicia perfectamente preparados para emprender semejantes tareas investigadoras. Un ejemplo de ello es el Teniente General Vega Alba, autor de este libro. Tal vez sea su primer libro, pero confío en que no sea el último, porque tras una vida en la que ha acreditado su vocación militar, capacidad para el mando y amor por el Ejército, sin merma alguna de objetividad en sus juicios, ha sabido volcar esos mismos valores, conocimientos y experiencias en esta obra. No para la mera satisfacción del erudito, sino porque es consciente, al igual que también lo fue otro soldado, el que mejor supo empuñar la pluma, que la Historia es “testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir." (Quijote, primera parte, cap. IX).

No sé si el Teniente General Vega Alba tendrá otros reconocimientos por el esfuerzo y el mérito que lleva consigo este importante trabajo, pero de lo que no cabe duda es que, por ahora, tiene ya el reconocimiento de quienes hemos podido colaborar con él y, sobre todo, el premio que entraña la “íntima satisfacción del deber cumplido.” Algo que, al final, no es poco para cualquier militar.

Juan Carlos Domínguez Nafría

Numerario de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación